Se suele decir que una persona cultivada es aquella que ha adquirido conocimiento y cultura.
Cultivar significa sembrar hoy para obtener resultados mañana.
Dicho de otra manera, si no hay cultivo, no hay futuro.
Ese es el principio del papel. Nunca abastecerse de ecosistemas naturales. Eso sería como quemar los libros después de leerlos, como negar sus propiedades a las generaciones futuras.
La industria papelera se provee de plantaciones forestales comerciales certificadas. Las mismas que contribuyen a mantener el medio natural ordenado y limpio. Las que se renuevan en un ciclo constante cuyo impacto sobre la economía, la sociedad y el medio natural es altamente positivo.
Las plantaciones forestales colaboran a mitigar el calentamiento global, debido a que capturan el CO2 y protegen el suelo contra la erosión. Así, mantienen la capa vegetal viva y conservan la biodiversidad. No sustituyen a los ecosistemas naturales, sino que los complementan. ¿Quién tiene más interés en cuidar las formaciones arbóreas sino el que hace un uso racional de sus recursos?
Lejos de amenazar la sostenibilidad de los bosques, la producción del papel incrementa su preservación y desarrollo, ya que su materia prima depende de un suministro responsable y sostenible.
La industria papelera no consume bosques, sino que los cultiva.
En Europa se plantan diariamente el equivalente a mil quinientos campos de fútbol.
La ecología del papel gana por goleada a los medios electrónicos.
enBobina. 20 años de impresión.











