Escribir con mapa
Se dice que cada maestrillo tiene su librillo. El escritor se sirve, en líneas generales, de dos procedimientos para avanzar en su narración: la brújula o el mapa.
Los que son de mapa suelen planificar el recorrido al detalle. El trazado, los desvíos, las paradas. Todo está planteado de antemano. Los personajes bien perfilados, las historias controladas. Sabes lo que va a suceder y cómo van a terminar las cosas. Te has documentado a fondo. Así pues, es el momento de empezar a escribir.
El mapa también es útil para dar una charla. Según Tu comunicas: «Cuando las tramas se complican y los personajes se mezclan, el mapa se hace necesario para ordenar tus argumentos y dar forma a tu intervención. En ese caso, debes partir de una estructura clara, trabajar los cuadros sinópticos en los que se colocan ideas, refutaciones, conclusiones. Los mapas nos ayudan a ver el mundo a vista de pájaro, a sobrevolar por tu exposición y colocar en su sitio la tierra media, el norte inhóspito o el puerto del desembarco.
»A este mapa, en términos de guion o novela, se le denomina escaleta, y la escaleta contempla, en lo básico, cuatro variables: personajes, escenas, tramas y subtramas. Con estos mimbres se va encajando el orden en el que se quieren contar los acontecimientos, con un resumen de contenido en cada secuencia narrativa. Al final tendremos ocho, diez, veinte cajas donde estamos metiendo la información que vamos a desarrollar en cada parte de la obra para que, al escribirla, no perdamos el foco ni las intenciones originales. Aunque puede y suele suceder que los personajes cobran vida propia y tienden a independizarse del autor, de manera que un secundario pasa a primer plano y una subtrama adquiere un protagonismo no previsto.
»Te pasa cuando hablas, cuando te relacionas, que lo que tenías pensado contar se complica o enriquece, se le añaden anécdotas o experiencias. Es la inspiración, que tiene un papel no pequeño en esta película que estamos llamando relaciones humanas».
Escribir con brújula
Si con el mapa todo está planificado al detalle, con la brújula prima la inventiva, la improvisación. Sabemos a dónde queremos ir, conocemos los cuatro puntos cardinales. ¿Vamos a tomar el camino más recto? ¿O admitimos algún desvío que nos surja en el trayecto?
En Tú comunicas se formula así: «Si eres de brújula, sabes dónde está tu norte y la dirección que debes seguir. Si optas por este modelo, recuerda lo que escribió el poeta griego Konstantino Kavafis en su Viaje a Ítaca:
«Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento»
En definitiva, no es la meta, sino el camino lo que importa. Y cuando arribes al destino, lo harás más sabio: Ítaca te habrá regalado un hermoso viaje. De manera que, si te decides por la brújula, tienes que estar dispuesto a improvisar, enfrentarte a situaciones inesperadas, imaginar y salir adelante. ‘Amar la trama, más que el desenlace’, como dice la canción del músico Jorge Drexler. Parece que esa era la opción de uno de nuestros autores más reconocidos, Javier Marías, quien afirmaba: ‘Dado que yo soy un autor que no tiene un trazado de las novelas antes de empezar, sino que las averigua a medida que las hace’»
Si el mapa es más cerebral, la brújula es más creativa, también más arriesgada. A cada autor, y a cada tipo de historia, le irá una fórmula o la otra.










