Max Aub fue un escritor español. Aunque nacido en París, de madre francesa y padre alemán, su familia se trasladó a España en 1914 al estallar la Primera Guerra Mundial. Llegó a Valencia con once años y allí cursó sus estudios. El castellano fue siempre su primera lengua y España su país. Como dejó dicho, uno es de donde hace el bachillerato.
Fue un personaje prolífico y polifacético. Escribió artículos, ensayos, cartas, novela, cuentos, teatro y poesía. Pintó, dirigió revistas, fue diplomático, profesor de teatro y filmografía, guionista y ayudante de dirección en películas, sobre todo en México, donde llegó a ser nombrado secretario técnico del director de la Comisión Nacional de Cinematografía.
Es uno de los máximos exponentes de la literatura del exilio y un autor cuyo reconocimiento no dejó de crecer, especialmente a raíz de su muerte en 1972.
Nos dejó un libro de aforismos, Aforismos en el laberinto, que recoge su pensamiento. Frases luminosas que invitan a reflexionar, muchas veces originales y divertidas, como la serie de paremiología particular que se publicó en la revista mexicana Los Sesenta (1965), uno de cuyos capítulos dedicó a los Signos de ortografía. De ahí viene el titular de este comentario. Compartimos otras joyas que tienen que ver con el mundo de la escritura, la composición de textos y la impresión. Son verdaderas delicatessen.
- Nació con erratas.
- Se le atragantó aquel inútil punto y coma; costó Dios y ayuda sacárselo con un corchete.
- Y le hundió el guion hasta la empuñadura.
- Andaba cojo de una llamada a pie de página.
- Murió intonso.
- Jamás se repuso de aquella foliación equivocada…
- No pudo salir de aquel paréntesis.
- Se le infectó aquel punto y no hubo manera de salvarle.
- No podía dormir con aquella cabecera.
- Anduvo toda la vida sin pie de imprenta, de la Ceca a la Meca, sin pasaporte que valiera, desamparado.
- Todo es según el cuerpo con que se lea.
- Era tan elegante, tan inglés, que le decían: «El Bodoni».
- Murió de diéresis crónica.
- Murió de tanta sangría.
- Defendía las erratas en nombre de la libertad de imprenta.
- Sin presión no hay impresión.
- Comas, esas amebas tan difíciles de acabar…
- No se repuso nunca de la primera impresión.
- Las erratas no tienen vuelta de hoja.
- Murió de tanta llamada, de tanta nota a pie de página que no le dejaban andar, de tanto ir y venir del diez al seis; de tanto número que remitía a fin de capítulo. Solo le leyeron las notas, todas mortuorias.
- De tanto punto aparte, murió sangrado.
- Lo enterraron entre corchetes.










